La diplomacia militar entre Argentina y Brasil resiste lo que la política no
La visita del submarino brasileño Humaitá a Mar del Plata ha generado debate sobre la relación entre las dos naciones. Aunque la política entre ellos puede ser tensa, la diplomacia militar sigue siendo un factor importante en su relación.

La diplomacia militar entre Argentina y Brasil es un tema importante que ha generado debate en los últimos días. La lectura que circuló sobre la visita del submarino brasileño Humaitá a Mar del Plata está exactamente al revés. El Humaitá no vino a mostrarle a la Argentina lo que no tiene, sino que vino para que la Argentina lo vea y lo considere.
El Humaitá es la segunda unidad de la clase Riachuelo, la adaptación brasileña del diseño Scorpène de Naval Group desarrollada dentro del Programo de Desarrollo de Submarinos (PROSUB). Fue incorporado en 2024 y su reciente llegada al Mar Argentino constituyó su primer despliegue internacional desde que entró en servicio. Su primera salida al mundo fue a la Argentina, lo que en lenguaje de la diplomacia militar no es pura casualidad.
En noviembre de 2024, el Ministerio de Defensa y la Armada Argentina firmaron una carta de intención con Francia para negociar la adquisición de tres submarinos Scorpene, una operación que se estima en unos 2.300 millones de dólares y que sigue condicionada a la obtención de financiamiento. En mayo de este año, durante una visita a Buenos Aires, el ministro de Defensa brasileño José Múcio Monteiro planteó públicamente que esas futuras unidades argentinas podrían construirse en el Complejo Naval de Itaguaí, donde Brasil produjo sus submarinos.
## Lo que Brasil está haciendo y que nosotros nunca hicimos
Itaguaí es un astillero que Brasil construyó para un programa finito, cuatro submarinos convencionales y, en la próxima década, el Álvaro Alberto, su primer submarino de propulsión nuclear. Cuando esa línea se agote, el complejo enfrenta el problema de cualquier astillero militar del mundo: la capacidad instalada, la cadena de proveedores y el personal técnico especializado no sobreviven sin nuevos pedidos.
Brasil entendió eso y actúa en consecuencia. Ofrecer a la Argentina construir sus submarinos en Itaguaí resuelve simultáneamente cuatro problemas propios: extiende el horizonte operativo del astillero más allá de su demanda doméstica, amortiza la inversión en infraestructura sobre una serie más larga, sostiene su base industrial y de proveedores, y consolida a Brasil como nodo regional de construcción naval militar.
Vamos sin vueltas, porque es lo que importa: lo que hace Brasil es exactamente lo que la Argentina nunca supo hacer con su propio complejo militar-industrial. Nosotros tuvimos, y en parte todavía tenemos, astilleros, fábricas y capacidad técnica. Lo que no tuvimos nunca fue la decisión de salir a buscar socios, a costo propio, con una oferta armada y un catálogo bajo el brazo.
La escena de la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas en Cusco fue didáctica en ese sentido. La comitiva brasileña operó menos como delegación diplomática que como misión comercial: entregó su catálogo de capacidades industriales militares a cada interlocutor disponible, sin discriminar el signo ideológico del funcionario que lo recibía.
## El pragmatismo como política de Estado
Acá está el punto que quizá más incomoda, y por eso vale decirlo. El péndulo político brasileño no es menos pronunciado que el nuestro, de Lula a Bolsonaro y de vuelta a Lula, con crisis institucionales de por medio, y sin embargo los proyectos núcleo de sus fuerzas armadas sobrevivieron intactos a todos esos gobiernos.
El PROSUB arrancó en 2008 y sigue. El KC-390 sigue. Los Guaraní siguen. Guaicurú sigue. F-39 Gripen siguen. C-390 siguen. Las fragatas Tamandaré siguen, entre otros montontes. Cambian los énfasis, los plazos y las asignaciones, pero los objetivos de desarrollo, fabricación y asociación internacional se mantienen.
No es que los brasileños tengan menos política que nosotros. Es que decidieron que la defensa no se discute cada cuatro años. Ese pragmatismo es lo que hoy les permite mirar a la Argentina como socio potencial pese a las diferencias, los roces y hasta las crisis diplomáticas abiertas.
## La diplomacia militar y su resistencia
Lo cual me lleva al aspecto que más rescato de estos días, y que se pierde entre el ruido. El Fraterno va por su edición XXXIX: casi cinco décadas ininterrumpidas de adiestramiento combinado. En esta oportunidad, ocho buques, un submarino, helicópteros y aviones de exploración operaron entre Puerto Belgrano y Mar del Plata en ejercicios antisubmarinos, de defensa aérea y de tiro.
Mientras la alta política de ambos países atraviesa uno de sus períodos de mayor distancia en años, las marinas ultiman órdenes de operaciones, firman memorandos y embarcan tripulantes cruzados. Lo mismo va a ocurrir con el ejercicio Arandú entre los ejércitos. Esa capa de relación (la diplomacia militar) resiste el embate del tiempo y del péndulo con una solidez que la diplomacia formal no tiene.
## La pregunta que queda
Ahora bien: que la oferta brasileña sea genuina no significa que vaya a concretarse. Y acá tengo vengo con un antecedente.
Durante la gestión de Taiana, Brasil exhibió sus blindados Guaraní en la Argentina con el mismo despliegue. Se evaluaron, se discutieron, se recorrieron. Y cuando llegó el momento de que Brasil hiciera el esfuerzo de financiamiento, ese empuje nunca apareció.
La pregunta con los Scorpene es exactamente la misma. Brasil puede ofrecer Itaguaí como sitio de construcción y ofrecerse como garante para abaratar la ecuación. Si efectivamente lo hace, la operación puede volverse posible y sería una noticia extraordinaria para la recuperación de nuestra capacidad submarina, perdida hace nueve años.
Si se queda en solo la exhibición, habremos visto unas linda postales en redes y también, desde ya, en Zona Militar. Lo que no deberíamos hacer, en ningún caso, es leer la visita del Humaitá como una humillación, como ha circulado en redes sociales en los últimos días.
Un submarino de última generación derivado del mismo diseño que la Argentina evalúa comprar entró a nuestro puerto, con submarinistas argentinos a bordo, en el marco de un ejercicio que llevamos casi cincuenta años sosteniendo juntos. No hay orgullo acá: es la evidencia de que hay una relación militar que funciona, y de que del otro lado hay fuerzas que también consideran lo mismo, mas allá de los vaivenes diplomáticos.
Lo preocupante no es que Brasil venga a vendernos submarinos. Lo preocupante es que nosotros todavía no tengamos claro si vamos finalmente a recuperar algo que es esencial para cuidar el extensísimo litoral marítimo y si por otro lado si tenemos algo para aprender sobre cómo trabajar con nuestro derruido “complejo industrial-militar”: qué vendemos, a quién, y con qué respaldo del Estado. Esa es otra conversación que nos debemos.





